Ca2d

Dentro del método Ca2d

Así se construye un hogar en solo tres días.

Crear hogares. Paredes y techos que acojan a familias, que sean testigos discretos de celebraciones, momentos especiales, bienvenidas y también despedidas. Esa es la finalidad de la empresa Arquima y el despacho de arquitectura Francesc Guàrdia, pero para conseguirlo, han dado una vuelta de tuerca a un mundo tan estático como es el de la construcción.

Cambiar de filosofía y pasar de construir a fabricar edificios. De los tradicionales ladrillo y cemento a una génesis diferente, más sencilla y sostenible. Es lo que pretende el innovador sistema de construcción modular en madera de hasta cuatro plantas creado por este estudio de arquitectos.

“Queríamos levantar edificios de madera en altura fabricándolos nosotros mismos, sin depender de proveedores, y basándonos en el entramado ligero de madera para reducir el volumen de este material y, por lo tanto, los costes”, cuenta José Antonio González, fundador y gerente de Arquima. El resultado es el llamado sistema Ca2d.

“Consiste en que el edificio se fabrica en el taller, las diferentes partes se transportan en camiones —caben en contenedores o plataformas estándar— y se monta en el lugar en el que se va a ubicar, como si fuera un juego de construcción, un Lego”, asegura el responsable de esta empresa familiar fundada en 2007 en Sant Andreu de la Barca.

“El sistema se basa en dos piezas principales. Una es la pilastra, un elemento vertical, autoestable, y la otra es el elemento forjado. Estas piezas se van uniendo formando pórticos y así vamos creando el volumen del edificio”, explica el arquitecto Francesc Guàrdia, co-creador del Ca2d.

“Simultáneamente en obra se va haciendo la cimentación, el saneamiento, la urbanización… De este modo, cuando los módulos están listos, se llevan al terreno, se acoplan y prácticamente en una semana la construcción está terminada”, prosigue.

El primer edificio con este sistema se realizó en Llinars del Vallès (Barcelona) en 2013 como prototipo a escala real del proyecto para demostrar su viabilidad y rentabilidad. De tres plantas y 200 metros cuadrados, estuvo finalizado en tres días y fue cedido al Ayuntamiento de la localidad, que lo destinó a alojar la sede de la Cruz Roja local y la Asociación de Defensa Forestal.

En un mundo en el que la inmediatez lo es todo —y más aún si estamos ante desastres naturales que requieren de una atención instantánea para ayudar a los damnificados—, el sistema Cad2 permite reducir considerablemente los tiempos de construcción. “No dependes de ningún proveedor y la fachada sale acabada del taller, por lo que no hace falta colocar andamios”, dice Guàrdia. “Si tienes que sellar una ventana del tercer piso, lo haces en el taller, y no subido a una estructura auxiliar”. Esto redunda directamente en una mayor seguridad en el sitio de construcción, al evitar situaciones peligrosas como esta.

A esta rapidez tenemos que sumarle la gran sostenibilidad que tiene este proyecto, preocupado por limitar al máximo el impacto medioambiental. Y para lograrlo, la materia prima es clave: la madera.

“Es el material que menos huella de CO2 genera”, destaca este arquitecto catalán, que lamenta que la madera que usan provenga del centro y norte de Europa, donde son muy comunes las construcciones con este material, pese al “potencial” de nuestros bosques.  “En Cataluña tenemos un excedente de árboles que se podrían explotar. Los propietarios no dan salida a esa madera, nosotros les ofrecemos una, pero no hay aún una industria que permita transformar esta madera y venderla a un precio razonable”, comenta González.

Además, estos edificios “tienen una larga vida útil, no precisan mantenimiento y su alta eficiencia térmica y elevado aislamiento hacen que contribuyan al ahorro energético y a reducir las emisiones de CO2, siendo un ejemplo de desarrollo sostenible en construcción”, destaca Guàrdia.

Esta innovación, que permite abordar todo tipo de construcciones, desde viviendas a equipamientos como escuelas, centros de salud, bibliotecas e incluso teatros, supone una reducción de entre un 20 y un 25% del coste respecto a una construcción convencional de obra, según sus creadores. Sin contar, apunta Guàrdia, con que estos edificios están hechos de un material natural como es la madera “más amable, que aporta calidez y permite establecer una relación diferente con la vivienda”.

El presente y, sobre todo, el futuro de la arquitectura pasa por los edificios sostenibles. No solo por una cuestión de responsabilidad ambiental, sino por el ahorro energético y económico que implican. De hecho, cada vez más arquitectos e ingenieros coinciden en que, si el siglo XVIII fue el del ladrillo, el XIX el del acero y el XX el del hormigón, el del XXI será, sin duda, la madera.

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