Método KiVa

Dentro del Método KiVa

Un método eficaz contra el bullying y el acoso escolar.

Movilizar a los testigos del acoso y convertirlos en defensores de la víctima es la clave de la originalidad del método KiVa, que ha hecho disminuir drásticamente en países como España gracias a su implantación en distintos colegios. Un método que nace en Finlandia y que ha conseguido llegar al resto de Europa tras probarse su éxito en las aulas nórdicas.

“El acosador busca poder, pero si los espectadores no reaccionan de manera positiva a sus comportamientos agresivos, no conseguirá esa posición de superioridad a la que tanto aspira y dejará de acosar”, señala Tiina Mäkelä, coordinadora del programa KiVa del Instituto Escalae.

En 2007, el método KiVa, palabra que significa “guay” en finés y es al mismo tiempo un acrónimo de Kiusaamista Vastaan (“Contra el acoso”), echaba a andar, financiado por el Gobierno del país nórdico y diseñado por un equipo de investigadores de la Universidad de Turku, que llevaba 25 años estudiando las relaciones entre los niños.

Según datos del Gobierno finlandés, en 2007, cuando se implantó por primera vez este programa en el país nórdico, se logró reducir en más del 40% los casos de acoso escolar. Años más tarde y siguiendo con esta tendencia ascendente, en el 79% de los colegios desapareció el bullying y en el 98% se concluyó que estaban “muy satisfechos” con la metodología y los resultados que KiVa les estaba proporcionando.

KiVa se basa en influir en los alumnos testigos del acoso para que no participen indirectamente en él. Si esto se consigue, el acosador, que necesita de reconocimiento para proseguir con el bullying, depondrá su actitud al no serle rentable ser cruel en términos de popularidad. Para ello, KiVa se centra principalmente en la prevención e intervención:

Trabajar las emociones. Los estudiantes reciben una veintena de clases a los 7, 10 y 13 años —edades clave en el desarrollo del menor— para identificar las emociones de los compañeros, saber cómo se sienten por el tono de voz o la expresión corporal y reconocer las diferentes formas de bullying. De este modo, ya son concienciados desde bien pequeños.

Buzón virtual en el que denunciar posibles casos de acoso bajo el anonimato. Las clases se completan con manuales para los profesores, un entorno virtual, charlas con los padres y videojuegos. A través de un buzón virtual, los menores pueden denunciar si son víctimas o testigos sin que nadie se entere. “El objetivo es que sean los propios niños los que hagan la autoevaluación y autorreflexión sobre cómo mejorar el ambiente y la convivencia”.

Profesores en los que confiar. Además, para aumentar su visibilidad y recordar a los alumnos que su tarea es ser responsables de la seguridad de todos, los profesores que vigilan el recreo usan chalecos reflectantes.

Apoyar a la víctima y sensibilizar a los testigos. “Únicamente con la prevención no vamos a ser capaces de reducir el acoso escolar. Por eso hace falta un equipo de especialistas —tres profesores— que, en caso de que se sospeche que hay una situación de bullying, pueda empezar a trabajar de forma sistemática”, apunta Mäkelä.

Los materiales de KiVa, elaborados en inglés, se están ahora traduciendo al castellano y ya hay varios colegios en ciudades como Madrid o Málaga, tales como el Colegio Escandinavo y el Colegio Internacional Torrequebrada, respectivamente, que lo desarrollan. En enero de 2017, 52 colegios del País Vasco y Navarra se sumaban a esta iniciativa antibullying, con la participación de más de 18.000 alumnos.

En este proceso es fundamental el trabajo de los profesores. Ann-Charlotte Ahl Quist, docente en el Colegio Finlandés de Fuengirola, uno de los centros que ya han implantado el método, es consciente de que su labor es clave: “Lo más importante es que el profesor esté realmente alerta”.

“Somos conscientes de que el acoso escolar no se puede erradicar totalmente, pero sí es posible disponer de herramientas y procedimientos específicos que sirvan para prevenirlo y reducir el número de casos. Lograrlo es tarea de todos: dirección, profesores, personal no docente, padres y alumnos”, subraya Mäkelä. Eso sí, KiVa exige ser sistemáticos y constantes. “No es un plan para unos meses y, luego, a olvidarse”.

El método KiVa funciona porque se basa sobre una serie de acciones concretas, definidas y accesibles tanto para los profesores que las ponen en práctica como para los alumnos que se acogen a ellas. Ahí reside la eficacia del método: en una colaboración sistemática entre todas las partes implicadas.

Escuela con Método KiVa
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